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domingo, 26 de maio de 2013

El dolio: un olvidado instrumento musical románico en la Ribeira Sacra (Galicia)

Canecillo de la iglesia de Atán (Foto : Alberto López)

La iglesia de Santo Estevo de Atán, en el municipio de Pantón, forma parte del vasto patrimonio románico de la Ribeira Sacra. Perteneció a un monasterio desaparecido que ya es mencionado en fuentes documentales del siglo IX. Uno de estos documentos, fechado en el año 816, contiene la más antigua referencia conocida sobre la viticultura en la región. El edificio ha sufrido numerosas reformas y alteraciones, y  de la vieja fábrica románica solo quedan la portadada y un conjunto de canecillos esculpidos. También conserva algunos elementos de origen prerrománico. En la fachada sur de la iglesia llama la atención una peculiar figura labrada en un canecillo, una cabeza humana que parece estar sorbiendo vino de un barril. Esculturas muy similares a ésta se pueden ver en numerosas iglesias románicas del norte de la Península Ibérica. Estas figuras fueron denominados bebedores o borrachos e interpretadas como sátiras de la embriaguez y la gula. Sin embargo, según un estudio reciente, estas esculturas tienen ninguna intención moralizante. Son representaciones reales de un antiguo instrumento musical, un tipo de aerófono que dejó muy pocas huellas históricas.


Dolio de Oloritz (Foto: Romanicoaragones.com)
El instrumento, totalmente desconocido hasta hace pocos años, fue identificado por el historiador y musicólogo Faustino Porras Robles, especialista en representaciones musicales en el arte románico, quien en 2007 publicó un trabajo sobre este asunto en la Revista de Folklore que edita la Fundación Joaquín Díaz. Porras Robles dio a este instrumento, cuya denominación original se desconoce, el nombre  de dolio (del latín dolium o tonel). El investigador descarta la posibilidad de que los objetos representados en estas esculturas sean cubas de vino y señala en que en todos los casos aparecen situados por debajo de la figura humana. «Si se tratase de una imagen cargada de contenido simbólico y finalidad moralizante, el tonel se situaría sobre la espalda del personaje para presentarlo como la pesada carga que debe soportar aquel que no controla sus debilidades», apunta. Por otro lado, indica que este «tonel» presenta a menudo una hechura cilíndrica, pero en otros casos tiene forma de elipse o de prisma, y por otra parte siempre aparece representado con un gran pico —por donde supuestamente «bebe» el personaje— que no desempeñaría ninguna función en un tonel real. Estas figuras, además, aparecen en algunos lugares acompañadas de otras que sin duda representan músicos y bailarines.
 
Interior de la iglesia de Atán (Foto: Carlos Rueda)
Las representaciones iconográficas del dolio están diseminadas por todo el norte de la Península. En su trabajo de 2007, Faustino Porras Robles menciona las iglesias de Monasterio de Rodilla, Miñón, Escalada, Moarves de Ojeda (Castilla y León), San Román de Lousada, Santa Mariña de Esposende, Santo Tomé de Serantes, Santiago de Bembrive, San Martiño de Moaña, San Pedro de Rebón, la parroquia de Santiago en la ciudad de A Coruña y la catedral de Lugo (Galicia). En un nuevo artículo publicado en febrero de 2013 amplía la lista, indicando también la presencia del instrumento en esculturas medievales de El Pla de Santa Maria (Cataluña), Artze, Oloritz, Vadoluengo (Navarra), Canales de la Sierra (La Rioja), Los Barrios de la Bureba, Navas de Bureba, Tablada de Villadiego, Vallejo de Mena, Villamayor de Treviño, Ventosilla (Castilla y León), Santo Estevo de Atán y Santiago de Compostela (Galicia).

Organistrum (Wikimedia Commons)

Basándose en la cronología de las representaciones plásticas del dolio, Porras Robles considera que el instrumento fue usado sobre todo en la segunda mitad del siglo XII, aunque parece haber pervivido hasta la Baja Edad Media. El ejemplo más tardío que se conoce es una escultura de la Casa Gótica de Santiago de Compostela, del siglo XIV. El investigador hace también una estimación acerca del posible tamaño de esos instrumentos, calculando que podrían medir entre 45 y 50 centímetros los de mayor volumen (los más comunes) y en torno a 30 centímetros los más pequeños. Analizando la iconografia, supone que era un aerófono de tono grave y poca variedad sonora,
cuya función sería la de enriquecer las melodías ejecutadas con otros instrumentos, contribuyendo al desarrollo de la polifonía que estaba en auge en ese periodo histórico. En la mayoría de los casos, el dolio aparece integrado en escenas juglarescas, con outros músicos que tocan instrumentos de cuerda y viento, con bailarinas, animales amaestrados y contorsionistas, por lo que cabe inferir que fue utilizado principalmente en contextos populares. La causa probable de la desaparición del dolio —añade el autor del estudio— sería el desarrollo de otros instrumentos de técnica más evolucionada y con posibilidades protopolifónicas como la gaita, la alboka o el organistrum (predecesor de la zanfoña), que harían innecesario su uso.